02/11/2011

La letra sin fin


Blogs: www.laletrasinfin.blogspot.com
www.laserasdeeltablero2011.blogspot.com
Agradecimientos: Alejandro Rod y Jose Luis Rodríguez Alonso
Ilustración: Imada Vadillo

La letra sin fin nació el 7 de Mayo de 2009 como producto de la inquietud creativa de Elisa Falcón y un servidor. Esa misma tarde pusimos en marcha un blog donde poder escribir historias a dos manos tomando como referencia el ejercicio surrealista del cadáver exquisito. Donde uno dejaba el cuento el otro lo continuaba, hasta que alguno decidía ponerle fin y comenzar de nuevo. Poco a poco esta familia, de la que me considero padre, fue creciendo, y aunque en algunos momentos me he quedado solo construyendo textos de toda clase, cada vez somos más los que nos aventuramos a jugar con los recovecos literarios de nuestra imaginación.

El año pasado, por primera vez, La letra sin fin cambió de formato y se convirtió en un taller de escritura creativa dentro del I Festival Rural de Creación – Las Eras de El Tablero. Ese primer taller lo impartimos Laura Escuela y yo con extraordinarios resultados.

Por esa razón, La letra sin fin no quiso faltar a la segunda edición de este festival organizado por la Asociación de Vecinos de El Tablero y diseñado y gestionado por La Pimentera [acción creativa] bajo la dirección de Ana Alonso y Miguel Ángel Mejías. Su programa, donde caben seminarios, danza, música, teatro, escritura, arte, audiovisuales y visitas guiadas, pretende que el paisaje sea el escenario de actos creativos y artísticos donde se intercambien valores rurales entre niños y adultos. Cabe mencionar que lo consigue.

Nuestro taller tuvo lugar el domingo 2 de Octubre, y aunque yo no pude estar, lo dejé en muy buenas manos: las de Laura Escuela y Elisa Falcón. Ellas condujeron a un grupo diverso, representado por una mezcla generacional, hacia los aspectos más lúdicos de la labor de escribir. Juntos, realizaron tronchantes cadáveres exquisitos, también, más cerca de lo que se suele hacer en el blog, continuaron historias que ya estaban comenzadas.

Sorprendentemente, pese a la juventud de muchos de los asistentes y la longevidad de tantos otros, la participación fue espontánea y unánime, todos querían formar parte, recuperando ese concepto ligado al pasado de los pueblos donde todos cabían y todos hacían cosas juntos. Los padres trabajaban con sus pequeños. Los nietos ayudaban a sus abuelos. Y todos se pasaban el testigo con la alegría de sentirse parte de una comunidad involucrada, la meta que persigue el festival.

Uno de los aspectos que más le llamó la atención a Elisa Falcón fue cómo las obras de los mayores se asemejaban por su composición en verso a los cantares antiguos, cuando las gentes se reunían, se sentaban e improvisaban cantos que se sostenían en el ingenio de sus estrofas.

Como colofón, una vez concluyó la actividad, Laura y Elisa leyeron los frutos del taller, sin duda la parte más distendida y emocionante, el momento en el que los asistentes más disfrutan de su trabajo en común. Pero el viaje no terminó ahí, porque los participantes tienen la oportunidad de ver tiempo después cómo sus relatos se cuelgan en el blog. Al fin y al cabo, de La letra sin fin salen y a La letra sin fin vuelven.

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