1859, nace Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes.
22/05/2012
21/05/2012
1265, nace en Florencia Dante Alighieri, autor de La Divina Comedia.
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19/05/2012
1989, se aprueba por Decreto el Sistema Español de Bibliotecas.
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14/05/2012
1956, aparece la primera entrega de Las Aventuras del Capitán Trueno.
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10/05/2012
1933, son quemados en Berlín más de 20.000 libros designados antialemanes.
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09/05/2012
1943, se publica la novela El señor de las moscas, de William Golding.
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08/05/2012
Grenouille, una caja de música sonaba en un solar
Aunque nada tenga que ver con el proceso literario al que les tengo acostumbrados, les ofrezco la primera entrevista como colaborador de Canarias Creativa al grupo tinerfeño de moda, Grenouille. Espero que les guste mi aproximación y que disfruten descubriendo las ideas liberadas de un sonido distinto:
Entrevista: Joaquín Artime
Foto: Chema Hernández
Javier Afonso (Tenerife, 1984) es una de esas personas que dejan huella. Lo conocí hace ya algunos años, cuando ambos emprendíamos nuestros estudios artísticos en una Universidad llamada La Laguna. Recuerdo que era audaz, rápido, creativo. En su interior residía un oscuro pesimismo, una insatisfacción que le movía a perfeccionar todo aquello que iniciaba. Su imaginario, lúgubre, romántico, cubría el mundo de tinieblas, y en medio de esas sombras él ofrecía un rescoldo de luz. La luz de una luna que abrazaba sus pupilas.
En tercer curso le hice un dibujo. Por aquel entonces era muy común que realizase retratos psicológicos de aquellos que me marcaban, aquellos a quienes tenía sumo cariño. Quiero creer que no fue casualidad que a Javi lo retratase como una rana, pálida, con lunares rojos. A diferencia de los demás retratos, la rana llevaba a cabo una actividad: Silbaba. Por aquel entonces ya sabía que Javi, componente de varios grupos isleños, no era más que música.
Con los años nos distanciamos, pero siempre acabábamos sabiendo el uno del otro. Una vez terminó la carrera, Javi se encerró en casa, se montó un estudio casero y grabó su primera demo “Shadows of the lagoon”. Una vez la concluyó, hizo las maletas y se marchó a Inglaterra para mejorar su educación musical, hasta el momento vinculada a la investigación experimental y autodidacta. En Londres estuvo un año dedicado íntegramente a la producción y aprendizaje. Allí Grenouille tomó forma, con oportunidades como la de tocar con intérpretes de distintas nacionalidades, combinando la música con otras disciplinas como el vídeo y la fotografía. Lleno de experiencias, volvió a Tenerife desolado por la dificultad de vivir en una ciudad que lo devoraba, por el exceso de ganas, por la posibilidad que no se terminaba de fraguar.
Por ese entonces llegó a mis oídos las melodías sombrías de cantos de sirena de “Shadows of the lagoon” y me sobrecogí enormemente. Aquella caja de música que se abría con el melancólico peso de los años estaba realizada por alguien que tenía mi misma edad, apenas 25 años. Y me adentré en una mansión encantada, en un féretro en el que aún duerme el cadáver de una servilleta, en un salón donde esqueletos danzan retando a la muerte. Su voz parecía susurrar historias feroces con una fuerza desgarradora, con una delicadeza asombrosa. Al borde del acantilado, a punto de quebrarse. Había vuelto a la ciudad de la que había huido por hundirse a cada paso, jamás pudo sacudirse el lodo.
De pronto pensé que si había conseguido emocionarme con una maqueta grabada por sus propios medios, qué no haría con un mínimo de producción profesional. Lo vi tan claro, su andadura no había hecho más que empezar, y llegaría lejos.
Grenouille. Grenouille. Su nombre daba vueltas como un tiovivo sobre mi cabeza y se me ocurrió que más allá del protagonista de “El Perfume”, de Patrick Suskind, Grenouille significaba algo en francés. No pude sino sonreír al descubrir impreso sobre el diccionario su traducción: Rana. Quizá la misma rana albina con topos rojos que un día pinté.
Aún pasó un tiempo para que el grupo se erigiese como lo que iba a ser, porque su formación se hizo con la calma sosegada del que quiere que todo salga bien. Primero se unieron Laura Escuela al piano, la celesta y otros instrumentos de teclado, y Mónica Viñoly al violín. Luego Juan Luis Pérez a la batería y percusiones. Y mucho después, cuando los chicos ya habían sonado en un par de conciertos, Teresa Díaz Llarena al violonchelo. Reservándose para él mismo la voz, la guitarra, el acordeón y otros instrumentos.
Apenas ha dado la tierra una vuelta al sol y Grenouille ya ha cosechado muchísimos éxitos. Desde que muchos nos quedamos arrebatadoramente enamorados con su primer concierto en el Café 7 lagunero, el grupo ha conseguido los dos galardones musicales más importantes del panorama autonómico, el ULL Rock en Tenerife y el Capital Sonora en Gran Canaria. Todo esto con apenas unas semanas de diferencia. También tocarían en el Keroxen 11 y lo último ha sido convertirse en los teloneros de Vetusta Morla. Parece que su ascensión es imparable.
Pero empecemos por el principio, Javi, ¿por qué la música?
Creo que la música es casi una necesidad, no una elección. Si tuviera que razonarlo fríamente, quizá diría que como arte es el que despierta reacciones más profundas. Pero eso sería obviar los matices inexplicables que la hacen tan especial.
Se intuye que tu proceso creativo es íntimo, que en cada canción abres una puerta que accede a un rincón distinto de tu alma. ¿Esto te supone un gran esfuerzo introspectivo o por el contrario surge de una forma muy natural? ¿Te sientes expuesto al defender tus canciones en público?
Por regla general, hay un momento inicial en el que todo fluye más fácilmente, cuando surge la idea de la canción. Algunas veces viene todo de golpe: la melodía, los acordes, los arreglos… Sin embargo, en ocasiones la canción exige un desarrollo más lento, experimentar, buscar soluciones diferentes. Es entonces cuando supone un esfuerzo, ya que hay que revivir una emoción una y otra vez, escribir y rescribir hasta que las nuevas ideas encajan en ella.
Respecto a sentirme expuesto, supongo que sí ya que es la finalidad del directo, exponer las composiciones y por tanto, exponerse uno mismo.
¿Por qué cantar en inglés? ¿Barajas hacerlo en algún momento en español?
No hay una sola razón para ello, he tenido muchas diferentes desde que empecé en esto. En un principio, lo hacía por timidez y secretismo. Querer hablar de determinadas cosas no siempre significa querer que sean oídas. Con el paso de los años, me he ido acomodando en el inglés, tanto que al cantar en español me siento extranjero, por muy absurdo que parezca. Echo de menos los timbres a los que me he acostumbrado y han pasado a formar parte de mi cajón de recursos, la sonoridad de determinadas vocales. Yo lo compararía con lo que ocurre con las guitarras. La española y la eléctrica son en el fondo un mismo instrumento, pero cada uno con su lenguaje y sonoridad particulares. Incluso dentro de la eléctrica, los pequeños detalles como la amplificación, efectos o el tipo de distorsión pueden definir los límites de un estilo. Probablemente algún día encuentre un hueco para el español, para mí supondría mucho menos esfuerzo. Pero sólo lo haré cuando suponga una mejora en lo musical, nunca en detrimento de las composiciones. De momento lo que sí puedo hacer es añadir traducciones a las letras en el libreto del disco. Así al menos la gente sabe qué es lo que digo.
Soy consciente de que el idioma puede ocasionar menos interés en nuestra música, incluso alguna antipatía, pero al mismo tiempo nos facilita tener más público internacional, algo necesario dada la pobre situación de la música en este país. Con internet, salir fuera ya no es ninguna utopía, sino una necesidad y el inglés de momento es el lenguaje más universal para poder hacerlo. Así que también tiene alguna ventaja práctica.
¿De qué tratan tus letras?
No creo que haya una temática común a todas ellas, busco la cohesión a través del punto de vista no a través del contenido. Todas tienen algo de realismo mágico y simbolismo, pero hablan de temas muy diversos, desde el amor, el sexo, la muerte, la situación política, el paso del tiempo…
¿Qué te empuja a adoptar para el grupo el nombre de un personaje tan misterioso como atroz?
Escribir “Shadows of the lagoon” fue un proceso de experimentación, sólo quería descubrir nuevos sonidos sin importar de dónde procedían. Pasaba el tiempo buscando instrumentos antiguos, de juguete, objetos que pudieran tener sonidos curiosos. Empecé a mezclar sonoridades más tradicionales con ruido, lenguajes de diferentes estilos musicales entre sí. Intentando buscar la belleza en la combinación de los elementos, no en cada elemento por separado. En cierta manera, el personaje de la novela hace lo mismo respecto a los olores. Por otro lado, creo que independientemente de una historia, el libro es una metáfora cruda pero hermosa de la creación artística. La pasión obsesiva, perfeccionista, tan intensa que resulta destructiva e impulsa al personaje a crear casi como una necesidad fisiológica, la belleza femenina como modelo para la perfección inalcanzable…
¿Qué supone para ti grabar en solitario una primera demo?
Por aquel entonces no tenía grupo, así que era la única manera. Es un proceso lleno de altibajos, porque trabajar tanto tiempo solo puede llegar a ser muy aburrido, pero al mismo tiempo es uno mismo el que se marca los ritmos. Lo mejor sin duda es el momento en el que la canción empieza a sonar por primera vez completa, ya que hasta entonces sólo la has escuchado dentro de tu cabeza.
Y una vez concluyes la grabación decides marcharte a Inglaterra para probar suerte. ¿Qué te ofrece este viaje, este cambio de perspectiva?
Bueno, resumir el tiempo que viví allí en un par de líneas es bastante difícil. Respecto a la música, me aportó muchísimo. En primer lugar, me devolvió la confianza y el respeto a mi profesión. Aquí, un músico es una persona con un hobby. Allí la gente se toma esto en serio y hay posibilidades reales de salir adelante más allá del sueño adolescente de hacerse famoso. También tuve la oportunidad de ver cientos de grupos en directo, de tocar con gente de todas partes del mundo, de aprender un poco más sobre el funcionamiento del mundillo de la industria musical.
¿Volver a Tenerife lo asumes como un fracaso o más bien te aporta la oportunidad de empezar de nuevo?
En realidad volver era una solución temporal, no tiene nada que ver con fracasos o comienzos. De hecho, cuando vine me planteé dejar todas mis cosas allí. Siendo sinceros, Tenerife no es la tierra de las oportunidades, y menos ahora. Por motivos personales, se ha ido alargando, lo que afortunadamente me ha dado la oportunidad de conocer a las personas que luego han pasado a formar parte de Grenouille. Sin embargo, siempre tengo muy presente el marcharme, creo que una vez uno se va, nunca termina de deshacer las maletas.
En una época en la que la cultura persigue la piratería, los derechos de autor se convierten en una dictadura del despotismo y los mensajes y la calidad parece que se niegan a llegar sepultados por la sombra de emisoras que cuentan con cuarenta éxitos de pacotilla, decides subir a internet tu demo para que cualquiera se la pueda descargar, ¿por qué?
Bueno, respecto a la introducción de la pregunta, hago una anotación en letra pequeña, como el pie de página de los libros:
Tendría que añadir bastantes matices, No creo que el derecho de autor sea despótico en absoluto, es su mala gestión la que ha dado esta imagen. El problema es que vivimos un tiempo de transición. Mucho más profundo que un simple cambio de formato como pudo ser el CD, el cassette, o el vinilo. Probablemente volvamos a la situación anterior a la explosión del pop como industria de masas. La tendencia es volver a sustentar las carreras sobre actuaciones constantes, que cada grupo haga todas las funciones de una discográfica, pero en miniatura. Carreras a pequeña escala. A mí este modelo me gusta bastante. El gran problema es que sigue existiendo una maquinaria industrial con su apoyo promocional contra la que competir. ¿Cómo dirigir la atención hacia ti para poder sacar adelante estos pequeños proyectos si el ruido mediático de las multinacionales sigue ahí? Tendrán que pasar algunas décadas supongo. Al igual que los grupos no terminan de encontrar su sitio, el público no termina de comprender la situación de la música. Se ha establecido la idea de que para llegar a una cultura gratis y democrática, hay que cortar el grifo, precisamente al que la genera. Y se habla y vuelve a hablar de los derechos de autor. Lo lógico sería exigir que desaparecieran o se recortara drásticamente los intermediarios innecesarios, pedir que la gente que se lucra por las descargas pagara a los que generan los contenidos (operadoras que ofertan ADSL, páginas de almacenamiento, etc), exigir un modelo más eficiente… Si parte de la inversión pública que se ha hecho en empresas del sector cultural se hubiera destinado a promover un sistema tipo megaupload nacionalizado, por poner un ejemplo, quizá hoy día podríamos hablar de tarifa plana de descargas para la gente simplemente pagando sus impuestos. Y el músico podría cobrar por su trabajo. También los contenidos tendrían mayor calidad, porque no importaría tanto la presión del marketing.
Tendría que añadir bastantes matices, No creo que el derecho de autor sea despótico en absoluto, es su mala gestión la que ha dado esta imagen. El problema es que vivimos un tiempo de transición. Mucho más profundo que un simple cambio de formato como pudo ser el CD, el cassette, o el vinilo. Probablemente volvamos a la situación anterior a la explosión del pop como industria de masas. La tendencia es volver a sustentar las carreras sobre actuaciones constantes, que cada grupo haga todas las funciones de una discográfica, pero en miniatura. Carreras a pequeña escala. A mí este modelo me gusta bastante. El gran problema es que sigue existiendo una maquinaria industrial con su apoyo promocional contra la que competir. ¿Cómo dirigir la atención hacia ti para poder sacar adelante estos pequeños proyectos si el ruido mediático de las multinacionales sigue ahí? Tendrán que pasar algunas décadas supongo. Al igual que los grupos no terminan de encontrar su sitio, el público no termina de comprender la situación de la música. Se ha establecido la idea de que para llegar a una cultura gratis y democrática, hay que cortar el grifo, precisamente al que la genera. Y se habla y vuelve a hablar de los derechos de autor. Lo lógico sería exigir que desaparecieran o se recortara drásticamente los intermediarios innecesarios, pedir que la gente que se lucra por las descargas pagara a los que generan los contenidos (operadoras que ofertan ADSL, páginas de almacenamiento, etc), exigir un modelo más eficiente… Si parte de la inversión pública que se ha hecho en empresas del sector cultural se hubiera destinado a promover un sistema tipo megaupload nacionalizado, por poner un ejemplo, quizá hoy día podríamos hablar de tarifa plana de descargas para la gente simplemente pagando sus impuestos. Y el músico podría cobrar por su trabajo. También los contenidos tendrían mayor calidad, porque no importaría tanto la presión del marketing.
Ahora, volviendo a la pregunta, es mucho más sencillo que todo esto. Dejé que la gente lo descargara gratis porque me apetecía, quería que la gente lo escuchara sin importar el dinero.
Formar el grupo tal y como lo conocemos se convierte en una actividad lenta y agotadora. ¿Te cuesta encontrar a los músicos adecuados que quieran entrar en un proyecto que hasta el momento ha sido algo exclusivamente tuyo?
No es nada fácil. En primer lugar, por lo inusual de la formación. No abundan los violinistas, pianistas o chelistas. Además, hay que sumar la dificultad de estos instrumentos. Un guitarrista malo puede disimular y tocar decentemente en directo. Con los instrumentos clásicos pasa al revés, alguien tiene que ser muy bueno para que la cosa suene mínimamente bien. Si a todo esto le sumas un estilo inusual, la búsqueda se hace eterna. En Londres llegué a tocar creo que con unas veinte personas. Luego estuve casi dos años en Tenerife sin encontrar a nadie. Pero de repente aparecieron todos, casi de golpe. A través de Laura conocí a Mónica y a Juan Luis, más tarde por Mónica conocí a Tere y casi sin darme cuenta, el grupo se había formado solo.
¿Resulta fácil llegar a un punto en común para que se consoliden como grupo y los componentes no sean sólo tus músicos?
Bueno, el hecho de llevarnos muy bien como amigos facilita mucho esta parte. Puede que sea un poco más complicado que un grupo “normal” porque la música ya está escrita de antemano, pero mi manera de componer no es la misma estando con ellos. Ya no compongo para batería, piano, violín y cello, compongo para Juan Luis, Laura, Mónica y Tere y los trato de tener en cuenta todo lo que puedo.
¿Cuánto dura el periodo de familiarización y ensayos? ¿Cuándo sentiste que por fin aquello empezaba a funcionar?
No sabría decirte. Ellos son muy buenos músicos, así que un par de ensayos les bastaron para tocar las canciones. Sin embargo, como fueron uniéndose poco a poco, fue un proceso más lento. Ensayando llevaremos algo más de un año, pero de ese tiempo pasamos bastante siendo sólo tres. Además, hay otros factores, como por ejemplo la calidad del equipo de sonido, los instrumentos, etc. que han hecho que fuera un proceso gradual.
El 25 de Julio de 2011 Grenouille se expone por primera vez ante el público, ¿qué sientes cuando por fin tus partituras cobran vida en directo para ser escuchadas?
Fue emocionante ver que esas canciones que habían estado tanto tiempo encerradas se salían al directo por primera vez.
Yo, que estuve presente, me atrevería a decir que la acogida fue bestial. Tuvieron un público entregado y auténticamente apasionado. ¿Tú cómo lo percibiste?
Tuvimos buena acogida, sobre todo ante nuestras expectativas. Era un lunes, no habíamos hecho mucha publicidad y nadie pensaba que aquello se llenaría. Que viniera tanta gente fue una sorpresa.
Enfocas los conciertos de una manera muy intimista. Además de ofrecer el título, te gusta contar los motivos que te empujan a escribir cada canción, y mientras tocan, es habitual que acompañen los compases con vídeos, en muchas ocasiones hechos por ti. Grenouille es un proyecto ambicioso que viene marcado por una estética romántica, como de fotografía que se ha amarilleado con el paso del tiempo. ¿Cómo quieres que se perciba el directo?
La idea detrás de nuestros directo es crear un ambiente que envuelva a los que asisten, no sólo aportar música sino enriquecer la experiencia con historias, vídeos, luces, el escenario en sí… Por supuesto, la mitad de las veces no podemos porque no hay medios, pero siempre intentamos aportar todo lo que esté en nuestras manos.
Te desenvuelves con cierta mezcla de timidez y frescura sobre el escenario. A veces pierdes el hilo y lo resuelves con una sonrisa o una frase ocurrente. O eso parece. ¿Cuánto de todo lo que se ve es preparado y cuánto es improvisado?
Todo lo que ocurre entre canciones es improvisado. No podría ser de otra forma, porque siempre ocurren cosas en el directo que uno no planea. De cualquier manera, yo lo veo como una conversación con el público, y me parecería artificial ensayar algo así.
En un espacio de tiempo muy corto, Grenouille ha visto cómo se han ido acumulando los éxitos. ¿Cuál ha sido hasta la fecha el mejor concierto?
En cuanto a interpretación no lo sé, la verdad. Soy bastante perfeccionista y siempre veo algo a mejorar. Pero en cuanto a emociones yo diría que el Capital Sonora. Porque fue nuestro primer viaje como grupo, la primera vez que nos poníamos ante un público completamente desconocido. Por la emoción de la entrega de premios, las risas, el baño en Las Canteras a las ocho de la mañana…
Y de pronto ganan dos premios tan importantes como el ULL Rock y el Capital Sonora. Imagino que entienden que esto no es producto de la casualidad. ¿Cómo se sienten al respecto?
Vinieron en el momento perfecto, ya que nos sirvieron de inyección de moral para seguir adelante con más fuerza y al mismo tiempo a nivel económico nos permitió plantearnos una grabación más seria para nuestro disco y hacer planes algo más ambiciosos.
Con el apoyo económico de dichos galardones quieren grabar su primer disco. Éste acogería canciones nuevas, canciones que ya están adelantando en cada uno de sus directos y yo me atrevería a decir que suenan cada vez mejor. Hay una clara diferencia con los melancólicos sonidos de “Shadows of the lagoon”. ¿Cómo describirías esta diferencia?
Creo que la melancolía sigue formando parte de nuestro sonido, sin embargo en muchas de las canciones nuevas hay un toque algo más optimista y enérgico. En gran parte impulsado por la experiencia de tocar con el grupo en escenarios más grandes. De todas maneras, al ser catorce canciones, hay espacio para mucho, así que la variedad es mayor.
¿Cómo quieren enfrentarse a este primer disco? ¿Ya barajan fechas y títulos?
Las fechas dependen de cómo evolucione el proceso de grabación. De momento no podemos decir nada, porque la verdad es que no lo sabemos. La música está compuesta, arreglos incluidos. Tan sólo falta alguna letra. Así que probablemente entraremos al estudio este mes. Si todo sale bien, es probable que el disco esté preparado para octubre. Pero al ser una formación inusual en cuanto a instrumentación no sabemos muy bien cuánto nos llevará. En cuanto a título, aún no hay nada, sólo posibilidades, creo que será lo último en aparecer.
El futuro de Grenouille parece perfilarse con una rapidez pasmosa, aunque se asienta con la seguridad del que es consciente de cada paso. Hace unos días tocaron como teloneros de Vetusta Morla en el que quizá es su primer gran concierto. ¿Cómo lo vivieron?
Fue una gran experiencia, la energía que transmite un público de esas dimensiones es difícil de explicar. Tan sólo el murmullo antes de salir a tocar ya es imponente. Ojalá tengamos muchos conciertos a esta escala.
¿Qué les supone conocer uno de los grupos más sólidos del panorama nacional? ¿Algún intercambio destacable?
El tiempo que uno pasa en un camerino tan sólo da para conversaciones cortas, ya que siempre hay algo que solucionar, nervios que calmar, algo que practicar…
¿Qué les espera en el futuro? A parte de la grabación, ¿ya tienen planes?
De momento, el disco es prioridad porque sin él no podemos planear el resto. Queremos tenerlo como carta de presentación para poder tocar en festivales y así ampliar un poco nuestro público. Así que de momento ponemos todas las fuerzas en la grabación para luego, con algo de suerte, tocar todo lo que nos sea posible.
www.grenouillemusica.blogspot.com
1984, Santa Cruz de Tenerife
Preparación: Empecé tocando el piano a los 10 años, recibiendo clases particulares con una profesora y presentándome cada año a los exámenes de la Trinity College of London. Así hasta completar los 8 cursos. Grenouille es la primera banda en que participo, formando parte desde el otoño de 2010.
Instrumentos: Piano, Celesta y Toy piano. También presto mi voz de vez en cuando en algunos coros. Fuera de Grenouille (dentro no me dejan) toco un pequeño acordeón que parece casi de juguete.
Referentes musicales: Damien Rice, Anthony and The Johnsons, Smashing Pumpkins, Placebo, Muse, David Gray, Beirut, Russian Red… Y cantautores españoles: Ismael Serrano, Pedro Guerra…
Un álbum: Cualquiera de los dos de Damien Rice.
Una canción: Older Chests, Damien Rice.
Una canción de Grenouille: “Camden”, aunque ahora con serias probabilidades de ser desbancada por “Before the verge”. Pocas canciones, como estas, me hacen agradecer estar viva, por un lado, y formar parte de Grenouille, por otro.
Un concierto: Estaba en Gran Canaria por una cuestión de trabajo y nos llevaron por la noche a una plaza. No recuerdo el municipio. Se celebraba un concurso de folklore nacional. Había un grupo de Extremadura y otro de Galicia. Jamás lo he pasado tan bien bailando con absolutos desconocidos con tantos músicos en directo.
Un concierto de Grenouille: El primer concurso al que nos presentamos (nuestro 4º concierto): el ULL Rock. Solo cuatro canciones, pero fue el primer concierto en el que tocábamos con nuestra chelista. Una incorporación mágica. Una noche preciosa.
El momento más dulce: Voy a escoger uno de los últimos: probando sonido para telonear a Vetusta Morla el 20 de Abril. Atardeciendo frente al mar tocando Camden y mirando los tonos anaranjados reflejados en mis compañeros y en los instrumentos. Inolvidable.
1985, Vecindario, Gran Canaria
Preparación: Empiezo a estudiar música a los 7 años en una escuela municipal. Me uno a la orquesta clásica juvenil Bela Bartok desde entonces hasta los 18 años. A parte, estudio un año en el conservatorio superior de música de Las Palmas.
Formo parte de los grupos Kakofonías, Mar‘a, Jairo&Largo Cabaret, colaboro con el grupo de teatro Abubukaka y toco con el cantautor Amanhuy Cala. Entro en Grenouille en septiembre de 2010.
Instrumentos: Toco el violín en Grenouille. A parte toco un poco la guitarra y el timple. Hago coros en el grupo.
Referentes musicales: Incubus, Sigur Ros, Bon Iver, Crossfade, Deftones, Kooks, Pumuky, Ghost Brigade, Mento…
Un álbum: Isolation songs (Ghost Brigade)
Una canción: Gara (Pumuky)
Una canción de Grenouille: Before the Verge. Porque tocándola me siento en una burbuja. La melodía me parece preciosa, y además puedo hacer “ballenitas” con el violín
Un concierto: Arcade Fire, en Portugal
Un concierto de Grenouille: ULL Rock. Compartir escenario con muchos grupos que me gustan y disfrutar del espacio y de la acústica.
El momento más dulce: Hay muchos. Cuando ganamos el “Capital Sonora”, por ejemplo. Nos abrazamos muchísimo durante toda la noche.
1982, Icod De Los Vinos, Tenerife
Preparación: Empiezo en la música en 1994, tocando la guitarra y cantando hasta 1997 en dos grupos musicales de pop rock del municipio de Icod de los Vinos. En 1998 comienzo como batería en el grupo Naif y un poco más adelante con el grupo Astraid. Es ahí cuando me intereso también por la percusión, hasta la fecha, llevando 18 años aproximadamente en el mundo de la música de forma ininterrumpida.
En el año 2000 estudié en la Escuela de Música Viva de Los Realejos durante dos años, luego seguí mis estudios musicales en la Escuela de Música Viva de Santa Cruz de Tenerife en clases de batería, lenguaje musical y combo, hasta 2004, empezando luego una educación autodidacta y compaginando ésta con seminarios y master class tanto de batería como de percusión. He participado en clases con baterías y percusionistas entre los que cabe destacar a Alfredo Llanos, Lionel Villahermosa, Federico Beuster, Pedro Barceló, Mariano Steimberg, etc. Desde el año 2000 hasta la fecha he tocado, descartando los grupos ya nombrados, con Jesús Groove Facrory, he realizado colaboraciones como baterista y percusionista tanto en grabaciones como en directos con diversos cantautores canarios y nacionales en los que cabe destacar a Javier Álvarez, Fermín Romero, Alberto de Paz, Fran Chinea, Walter González, Agustín Ramos, Maneco y Aitana, Rubén Márquez, Abraham Arvelo, etc. Desde 2002 hasta 2010 he realizado espectáculos audio-visuales con percusión junto a Djs por discotecas y festivales tanto de canarias como nacionales. He sido residente cinco años en el Musa rooms bar. Desde 2006 hasta hoy trabajo en el centro de día Cercado el Marqués de la asociación San Miguel adicciones como monitor socio-cultural, dinamizando un taller musical. Actualmente soy componente como batería de los grupos: 4descuartet, Jairo Martín &largo cabaret, Kakofonías, Blusette, Dwathriot&Stickman, y Grenouille, ingresando en éste en 2011.
Instrumentos: batería y percusión (y una radio que tengo que “tocar” en una canción de Grenouille).
Referentes musicales: Presuntos Implicados, Ketama, Ojos de Brujo, Jorge Drexler, Santana, Habana Abierta, Bill Evans, Michel Camilo, Miles Davis, Chiqui Pérez, Pedro Guerra, y un largo etc.
Un álbum: Amor no es Cupido de Kakofonías
Una canción: Mago amor
Una canción de Grenouille: Graphite nights, porque fue la primera que conocí y una de las que más me costó sacar en un principio.
Un concierto de Grenouille: el del Keroxen11, ya que fue el tercer concierto que hacía con Grenouille y fue donde por primera vez pude sentir cómo se engranaba la batería con fuerza a los temas.
El momento más dulce: El primer viaje a Las Palmas de Gran Canaria como finalistas del Capital Sonora, todo, desde el trayecto de ida hasta el de vuelta.
1991, Santa Cruz de Tenerife
Preparación: Mis primeros contactos con la música fueron a los seis años. Tenía clases particulares de violoncello y de solfeo, pero no durante mucho tiempo porque la idea principal era entrar en el conservatorio (lo que hice a la edad de siete años). Estuve ocho años, hasta los quince, para pasarme a la Escuela Municipal de Música de Santa Cruz de Tenerife. Entretanto, había estado en la orquesta juvenil del conservatorio (primer y segundo ciclo de grado medio), en cursos de verano en la península (¡más divertidos!) un trío que formé con dos compañeras de la escuela de música (violín-viola-violoncello), y varias agrupaciones de diferentes estilos de música, como mi grupo de la adolescencia “Downstairs” (ya saben, te gusta el rock, tienes quince años, tocas un instrumento…y haces un grupo). Luego tuve que decidir entre terminar la carrera musical, o empezar una en la universidad. Decidí lo segundo.
Sin embargo, nunca he podido dejar mi faceta musical. Así que después de todos los años invertidos, y por casualidades del destino (o eso parece, de lo magnífico que resultó), coincidí con Mónica en el concierto de Maná, de 2011, en el que actuamos juntas. Me habló sobre Grenouille y me preguntó que si estaba interesada. Los fui a ver al Keroxen, en octubre de 2011, y me enamoré. ¡Cómo iba a decir que no! Ya luego fueron muchas experiencias y alegrías: el ULL Rock, Capital Sonora, los conciertos, los ensayos… Es una sensación espectacular.
Instrumentos: En Grenouille, el violoncello. Aunque en Grado Medio siempre te dan algunas nociones de piano, y en el campamento musical aprendías a hacer un poco de otros instrumentos, el violoncello es el mío.
Un álbum: Mellon Collie and the infinite sadness
Una canción: Dog Days (Florence and the machine)
Una canción de Grenouille: Camden. Para mí, hay cuatro canciones de Grenouille que son las que recordaré con más cariño. Son las cuatro primeras que me aprendí al llegar, y las que presentamos al concurso ULL Rock. Entre esas cuatro, Camden es una canción que, por todo lo que significa (no sólo para mí, sino para Javi cuando la compuso), por los momentos que la acompañaron, y su belleza, creo que siempre será una de mis favoritas.
Un concierto: Vetusta Morla – Sábado 21 abril 2012. Aparte de ser el último al que asistí, significó mucho para mí, por muchas cosas.
Un concierto de Grenouille: Teloneros Vetusta Morla – Viernes 20 de abril.
El momento más dulce: Pffff… Ésta es difícil. Supongo que porque prácticamente todos los momentos con Grenouille son así, dulces. La cabeza siempre se me va al Capital Sonora, porque fue el primer viaje, y fue un viaje increíble. Pero supongo que para mí, que había entrado hace poco al grupo, oír el nombre de la banda en el concurso ULL Rock en noviembre. En verdad no fue el hecho de que nos nombraran, ni el premio, ni nada de eso. Creo que desde entonces tuve la sensación de que mis experiencias con el grupo iban a ser algo hermoso… El momento dulce que lo desencadenó todo, podría decir. No sabría explicarlo muy bien, es simplemente una magnífica sensación.
1984, La Laguna, Tenerife
Preparación: Llevo desde los 14 años tocando la guitarra, desde entonces he pasado por muchos grupos. Empecé siendo autodidacta, aunque en los últimos años he intentado cambiar eso, estudiando en la escuela de música de La Laguna, Mousiké y en la WMC de Londres.
Instrumentos: En directo: voz, guitarra, acordeón y sierra musical. Aparte, toco un poco de piano, batería e intento aprender violín (…)
Referentes musicales: Como hay tantos y no sabría elegir, cito sólo los que tienen algún tipo de parecido con Grenouille: Yann Tiersen, Nick Cave, Tom waits, Sigur Ros, Sufjan Stevens, la chanson francesa (Jacques Brel, Edith Piaf), Jeff Buckley, Beirut, Radiohead, Matt Elliott, Devotchka, Philip Glass , Andrew bird, Calexico, Nick Drake, Migala, Leonard Cohen, Danny Elfman, Jon Brion, Nino Rota…
Un álbum: No puedo decir el que más me ha gustado, porque hay muchos, así que digo el último que he descubierto: “White wilderness” de John Vanderslice & the magik magik orchestra.
Una canción: Wicked game, de Chris Isaak.
Una canción de Grenouille: City of sirens, porque fue la primera canción que definió el sonido de Grenouille.
Un concierto: Sigur Ros en el Teatro Coliseum de Madrid o Nick Cave en el auditorio.
Un concierto de Grenouille: Capital sonora.
El momento más dulce: También el Capital sonora.
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06/05/2012
Libro busca lector
El mundo está conectado. Mientras yo preparaba las imágenes de mi acción no te quedes en blanco, llegó a mí una fantástica propuesta, la de colgar de los árboles que hay desde el Ateno al Café 7 -en La Laguna. Tenerife- cuentos, relatos cortos, poesías, emulando lo que hacen en Pozlan (Polonia) para celebrar la primavera.
Aquí la intención no era celebrar la primavera y sí el día del libro. Así que el 23 de abril los responsables de la sección de literatura del Ateneo -que están realizando un trabajo ejemplar con su programa Libro busca lector- colgaron de las ramas laguneras fotocopias de cincuenta textos cedidos por sus autores para ser liberados. Yo participé con unos cuantos microrrelatos y, como por fin me llegan, aquí les dejo una de las fotos que me han enviado.
Les recomiendo encarecidamente que los sigan de cerca en www.librobuscalector.blogspot.com.es
04/05/2012
No hay lugar
Texto: Joaquín Artime
Ilustración: Jorge Pérez Rodríguez
Ilustración: Jorge Pérez Rodríguez
Desperté sin recordar dónde estaba. Por lo pronto, agarraba el torso del hombre velludo que se encontraba a mi lado para no caerme del colchón. Apenas nos cubría una fina sábana con dibujos pueriles. Hacía calor. Olía a sexo. Estábamos desnudos. Miré el despertador. Las ocho y diez. La resaca me taladró el cráneo. La poca luz que se colaba por la persiana se clavó en el fondo de mis ojos, como grabando a fuego su impresión perpetua. Apenas logré recordar lo que había pasado la noche anterior. A los pocos segundos me situé y sentí un ligero rechazo.
Carmelo no me caía ni bien ni mal. No era atractivo y tiraba a lo rechoncho. Tampoco poseía ningún encanto especial. Me parecía inteligente, ingenioso, pero por lo demás, completamente hueco. Nos conocíamos de vista pero nunca antes habíamos hablado. Él se empecinaba en hacerme comprender que no estaba interesado en mí. Que se tomase tanta molestia me llamaba la atención, tal vez por eso acabamos de la forma más estúpida compartiendo su cama de 90.
Nos acostamos, desde luego, pero sólo porque de pronto, bajo esa apariencia de despreocupada frivolidad, se me antojó vulnerable, infantil. Sus técnicas de seducción eran torpes, inseguras. Sus palabras tímidas, temblorosas. Eso fue lo que me empujó a decir que sí. En mi decisión el alcohol no tuvo nada que ver. El sexo fue raro. Sucio. Sofocante. Entretenido. Al terminar, nos dormimos.
Cuando a las pocas horas él se apoderó del colchón, boca arriba, con las piernas y los brazos extendidos, supe, con una rotundidad pasmosa, que allí no había sitio para mí. Intenté despertarlo. Lo zarandeé un poco. Pronuncié su nombre en bajito a la altura del oído. No me hizo caso. Me levanté y lo contemplé. Su cara reflejaba una sonrisa maliciosa. Pensé que tal vez estaba simulando, que aquello no era más que otra estrategia para obsequiarme de nuevo con su indiferencia. Cogí mi ropa y me marché.
Carmelo no me caía ni bien ni mal. No era atractivo y tiraba a lo rechoncho. Tampoco poseía ningún encanto especial. Me parecía inteligente, ingenioso, pero por lo demás, completamente hueco. Nos conocíamos de vista pero nunca antes habíamos hablado. Él se empecinaba en hacerme comprender que no estaba interesado en mí. Que se tomase tanta molestia me llamaba la atención, tal vez por eso acabamos de la forma más estúpida compartiendo su cama de 90.
Nos acostamos, desde luego, pero sólo porque de pronto, bajo esa apariencia de despreocupada frivolidad, se me antojó vulnerable, infantil. Sus técnicas de seducción eran torpes, inseguras. Sus palabras tímidas, temblorosas. Eso fue lo que me empujó a decir que sí. En mi decisión el alcohol no tuvo nada que ver. El sexo fue raro. Sucio. Sofocante. Entretenido. Al terminar, nos dormimos.
Cuando a las pocas horas él se apoderó del colchón, boca arriba, con las piernas y los brazos extendidos, supe, con una rotundidad pasmosa, que allí no había sitio para mí. Intenté despertarlo. Lo zarandeé un poco. Pronuncié su nombre en bajito a la altura del oído. No me hizo caso. Me levanté y lo contemplé. Su cara reflejaba una sonrisa maliciosa. Pensé que tal vez estaba simulando, que aquello no era más que otra estrategia para obsequiarme de nuevo con su indiferencia. Cogí mi ropa y me marché.
¿Quieres continuar el cuento? Escribe entre 1000 y 2500 caracteres con espacio y manda, con nombre o seudónimo, un email a laletrasinfin@gmail.com antes del 20 de Mayo. Puede que en el próximo número seas tú quien marque la historia.
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Jorge Pérez Rodríguez,
La letra sin fin,
No hay lugar
03/05/2012
Día Mundial de la Libertad de Prensa.
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Tal día como hoy
02/05/2012
Ariel
Título original: Ariel
Editorial:Ediciones Hiperión, 1985
¿Cómo se ha de leer una poesía? Siempre he pensado, en mi afán por que lleguen las ideas en su forma original, que en las traducciones se pierde la sutileza del lenguaje, el germen conceptual y el esplendor de un poema. Está claro que una traducción no altera del mismo modo una novela que una poesía. En la poesía las palabras hilan un ritmo, un recorrido sonoro que juega con la retórica de las imágenes que evoca, como en un sueño donde los bordes se difuminan en la niebla de la lírica. Así dicho podría parecer que estoy intentando ser poético, pero si tradujésemos mis palabras al mandarín, al swahili, al inglés, o incluso a un idioma más cercano como el portugués o el italiano, ya no estaría diciendo lo mismo. La forma se disiparía creando nuevas sugerencias, nuevos significados no pretendidos.
Fue Robert Frost quien dijo: “poesía es lo que se pierde en la traducción”. ¿Y cómo solventarlo? Podríamos invertir años en aprender dos, tres, pongamos que cuatro idiomas hasta desenvolvernos con soltura entre millones de palabras con millares de connotaciones distintas, y aún así, no solucionaríamos el problema, pues el sentido histórico y cultural al que los autores hacen referencia en su elección gramática y sintáctica no se aprenderá con tanta prontitud. Por no hablar de que con cuatro idiomas le estaríamos dando la espalda a la mitad de la producción literaria mundial.
¿Y qué hacer al respecto? No lo sé.
Sólo soy consciente de que no me ha resultado complicado encontrar en menos de cinco minutos tres traducciones distintas de un mismo poema: “Lady Lazarus”. ¿Cuál es la buena? Probablemente todas, probablemente ninguna, salvo la primigenia. Por eso les recomiendo, si tienen oportunidad y unos conocimientos básicos de inglés, que se hagan con una edición bilingüe como la que Hiperión ofrece sobre “Ariel”, el último poemario de Sylvia Plath; y que lean con calma y en voz alta, degustando la constelación de sonidos que saldrá de sus bocas.
Para cuando terminen, lo más seguro es que se hayan olvidado de este dilema seudo-intelectual y se hayan quedado con una sensación bien distinta: la de haber presenciado una secuencia de sentimientos sobrecogedores. Sylvia Plath tiene ese poder místico de trasladar al lector a un interior martirizado, colosal, hipnótico y bello. Sus poemas caen con la rotundidad de una mano de dedos finos que después de ser cercenada y desollada se arroja al aire. Mientras gira, las falanges acarician el vacío con tierna añoranza. Se trata del oxígeno que jamás les volverá a alimentar.
Mucho se ha escrito sobre la poetisa norteamericana que se quitó la vida una mañana de 1963. Inmerecidamente su historia ha eclipsado su obra. No obstante, la calidad de su verso, tal vez demasiado ligado a lo autobiográfico, nos ha quedado como legado para recordarnos que la sutil combinación de fragilidad y dureza en raras ocasiones es tan perfecta.
Fue Robert Frost quien dijo: “poesía es lo que se pierde en la traducción”. ¿Y cómo solventarlo? Podríamos invertir años en aprender dos, tres, pongamos que cuatro idiomas hasta desenvolvernos con soltura entre millones de palabras con millares de connotaciones distintas, y aún así, no solucionaríamos el problema, pues el sentido histórico y cultural al que los autores hacen referencia en su elección gramática y sintáctica no se aprenderá con tanta prontitud. Por no hablar de que con cuatro idiomas le estaríamos dando la espalda a la mitad de la producción literaria mundial.
¿Y qué hacer al respecto? No lo sé.
Sólo soy consciente de que no me ha resultado complicado encontrar en menos de cinco minutos tres traducciones distintas de un mismo poema: “Lady Lazarus”. ¿Cuál es la buena? Probablemente todas, probablemente ninguna, salvo la primigenia. Por eso les recomiendo, si tienen oportunidad y unos conocimientos básicos de inglés, que se hagan con una edición bilingüe como la que Hiperión ofrece sobre “Ariel”, el último poemario de Sylvia Plath; y que lean con calma y en voz alta, degustando la constelación de sonidos que saldrá de sus bocas.
Para cuando terminen, lo más seguro es que se hayan olvidado de este dilema seudo-intelectual y se hayan quedado con una sensación bien distinta: la de haber presenciado una secuencia de sentimientos sobrecogedores. Sylvia Plath tiene ese poder místico de trasladar al lector a un interior martirizado, colosal, hipnótico y bello. Sus poemas caen con la rotundidad de una mano de dedos finos que después de ser cercenada y desollada se arroja al aire. Mientras gira, las falanges acarician el vacío con tierna añoranza. Se trata del oxígeno que jamás les volverá a alimentar.
Mucho se ha escrito sobre la poetisa norteamericana que se quitó la vida una mañana de 1963. Inmerecidamente su historia ha eclipsado su obra. No obstante, la calidad de su verso, tal vez demasiado ligado a lo autobiográfico, nos ha quedado como legado para recordarnos que la sutil combinación de fragilidad y dureza en raras ocasiones es tan perfecta.
“Dying
Is an art, like
everything else.
I do it exceptionally well.
I do it so it feels
like hell.
I do it so it feels
real.
I
guess you could say I’ve a call.
It’s
easy enough to do it in a cell.
It´s
easy enough to do it and stay put.”
“Morir
es un arte, como todo.
Yo lo hago
excepcionalmente bien.
Tan bien, que parece
un infierno.
Tan bien, que parece
de veras.
Supongo que cabría
hablar de vocación.
Es bastante fácil
hacerlo en una celda.
Es bastante fácil
hacerlo, y quedarse esperando.”
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Ariel,
Poemario,
Sylvia Plath
01/05/2012
1939, se publica la primera tira de Batman.
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Tal día como hoy
27/04/2012
1935, se crea por Decreto el Instituto del Libro Español.
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Tal día como hoy
26/04/2012
Día Mundial de la Propiedad Intelectual.
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Tal día como hoy
23/04/2012
Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.
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Tal día como hoy
21/04/2012
1866, Isabel II coloca la primera piedra de la actual Biblioteca Nacional Española.
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Tal día como hoy
20/04/2012
2006, se celebra por primera vez en Madrid La noche de los Libros.
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Tal día como hoy
14/04/2012
2003, se queman un millón de libros en la biblioteca de Bagdad.
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Tal día como hoy
12/04/2012
1857, se publica la novela Madame Bovary, de Gustave Flaubert.
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Tal día como hoy
09/04/2012
1966, el cardenal Ottaviani anuncia la anulación del Índice de libros prohibidos.
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Tal día como hoy
06/04/2012
1943, se publica El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry.
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Tal día como hoy
04/04/2012
El castillo de arena 3 Fin
Texto: Elisa Falcón Lisón
Ilustración: Campodefresas
Ilustración: Campodefresas
Pero ya sabemos que Cristalina era una joven delicada, que acostumbraba a buscar pretextos con tal de anteponer sus deseos a los sentimientos de los demás. Así que pensó que, tras tanto trasnochar y para estar más despejada en el momento de hablar con el rey, se daría una duchita rápida. Total, a quién podía perjudicar algo tan inocente. La ducha se convirtió en un largo baño de espuma perfumada y el tiempo pasó sin que hubiera mediado una excusa.
Salió del agua arrugada como una pasa casi a la hora de almorzar. ¡Si ni siquiera había desayunado! Decidió que, para estar más lúcida, antes de hablar tomaría un ligero refrigerio. Total... El refrigerio se convirtió en un copioso banquete y, para cuando rebañaba el último plato, ya era casi la hora de la siesta. A punto de reventar, optó por acurrucarse un ratito entre las sábanas. Total... Y se quedó tan profundamente dormida que, cuando abrió los ojos, ya era mañana.
Despertó con una nueva perspectiva de las cosas y el ánimo cambiado. Durante sus perezosas horas de sueño, sus mullidos almohadones le aconsejaron no pedir perdón. Total... Un príncipe guapetón y experto constructor de sólidos castillos la pretendía. Unos años más entre la arena no iban a matarla, y resistir era mejor que hacer lo que más detestaba: admitir sus errores. Dispuesta a hacerse la loca, encontró en el trono a su pobre padre que pasaba abatido las páginas del álbum de fotos familiar. Cristalina se acercó de puntillas y, sigilosa, contempló aquellas estampas amarillentas de su infancia, instantáneas de su primer verano en la costa, cuando fueron a conocer el mar. Acudieron a su memoria el sabor picante del salitre y el color rojo de su cubito de plástico, el estampado de su pequeño bañador y la tibieza del sol en su piel. Y también la agradable sensación de la arena cálida colándose entre los dedos de sus pies desnudos, haciéndole cosquillas, convertida, con los años y las medias de seda, en una incomodidad. Una profunda emoción la embargó –¡cómo había podido olvidar!– y ya sólo deseó recuperar la libertad de sus días en la playa.
Al sentirla, su padre se giró dando un respingo, secándose avergonzado los ojos. Pero hija, qué manera de aparecer, menudo susto. Estaba pensando –siguió– que, si ese es tu deseo, mañana mismo los obreros reales empezarán la consolidación con cemento del bueno y...
–Olvida eso, papá –interrumpió Cristalina sonriendo con ternura–. Olvídalo todo y perdóname. Y, por favor, vayamos a jugar con la arena.
Salió del agua arrugada como una pasa casi a la hora de almorzar. ¡Si ni siquiera había desayunado! Decidió que, para estar más lúcida, antes de hablar tomaría un ligero refrigerio. Total... El refrigerio se convirtió en un copioso banquete y, para cuando rebañaba el último plato, ya era casi la hora de la siesta. A punto de reventar, optó por acurrucarse un ratito entre las sábanas. Total... Y se quedó tan profundamente dormida que, cuando abrió los ojos, ya era mañana.
Despertó con una nueva perspectiva de las cosas y el ánimo cambiado. Durante sus perezosas horas de sueño, sus mullidos almohadones le aconsejaron no pedir perdón. Total... Un príncipe guapetón y experto constructor de sólidos castillos la pretendía. Unos años más entre la arena no iban a matarla, y resistir era mejor que hacer lo que más detestaba: admitir sus errores. Dispuesta a hacerse la loca, encontró en el trono a su pobre padre que pasaba abatido las páginas del álbum de fotos familiar. Cristalina se acercó de puntillas y, sigilosa, contempló aquellas estampas amarillentas de su infancia, instantáneas de su primer verano en la costa, cuando fueron a conocer el mar. Acudieron a su memoria el sabor picante del salitre y el color rojo de su cubito de plástico, el estampado de su pequeño bañador y la tibieza del sol en su piel. Y también la agradable sensación de la arena cálida colándose entre los dedos de sus pies desnudos, haciéndole cosquillas, convertida, con los años y las medias de seda, en una incomodidad. Una profunda emoción la embargó –¡cómo había podido olvidar!– y ya sólo deseó recuperar la libertad de sus días en la playa.
Al sentirla, su padre se giró dando un respingo, secándose avergonzado los ojos. Pero hija, qué manera de aparecer, menudo susto. Estaba pensando –siguió– que, si ese es tu deseo, mañana mismo los obreros reales empezarán la consolidación con cemento del bueno y...
–Olvida eso, papá –interrumpió Cristalina sonriendo con ternura–. Olvídalo todo y perdóname. Y, por favor, vayamos a jugar con la arena.
Fin
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El castillo de arena,
Elisa Falcón
02/04/2012
Persépolis

Autor: Marjane Satrapi, 2003
Título original: Persépolis
Editorial: NORMA, 2009
Editorial: NORMA, 2009
¿Qué es un cómic: Literatura o arte plástico? La respuesta es sencilla: Un cómic es la combinación perfecta entre palabra y dibujo. Se necesitan el uno al otro para dar carácter a esta forma de expresión tan literaria como plástica. Cierto es que podemos encontrar tebeos sin texto, al igual que podemos toparnos con películas sin diálogo, pero en este caso no hablamos del valor de la palabra por sí misma, sino del valor narrativo de la historia; sin un buen guión un cómic se vería abocado al olvido.
Cómic, novela gráfica, tebeo, historieta…, llamémoslo como queramos, siempre y cuando no ignoremos que hay vida más allá del manga, de los enredos de los agentes de la TIA y la interminable lista de superhéroes de la Marvel. Existen tramas cotidianas, modestas, conmovedoras, generalmente vinculadas a la creación europea, que son un auténtico tesoro. Y como una de sus joyas más valiosas brilla Pérsépolis, una novela gráfica escrita y diseñada por Marjane Satrapi y publicada en Francia por la editorial independiente L'Association.
Esta fábula autobiográfica nos adentra en el mundo de una pequeña iraní que nace con un corazón rebelde, una inquietud intelectual poco usual, una fantasía desbordante y un sentimiento del deber y la justicia desmedidos. Pronto descubre que de mayor quiere ser profeta, sus conversaciones con Dios así se lo demuestran, aunque los tiempos convulsos en los que le toca vivir se empeñen en llevarle la contraria. Después de 2.500 años de tiranía y sumisión, un régimen fundamentalista islámico se establece para oprimir al pueblo de Irán en defensa de unas normas del decoro dementes.
Aún así, Marji no pierde la esperanza. En 1979, con apenas diez años, se interesa por la situación política y social de su país, reivindica las libertades de sus iguales, principalmente de las mujeres, y se mantiene fiel a las ideas de Marx. Lo hace hasta que la realidad, con su dramática fiereza, bombardea sus sueños de idealista, derrumba la poca fe que le queda en Dios y la empuja a convertirse en una adolescente solitaria, insolente, insatisfecha. Tendrá que huir, pero sobre todo, tendrá que aprender a vivir con su tradición cultural, con su aspecto físico, consigo misma.
El cómic consta de cuatro entregas, aparecidas en el país galo entre noviembre de 2000 y septiembre de 2003 como álbumes de 76, 88, 96 y 104 páginas respectivamente. Una vez finalizada, L'Association editó un volumen integral recopilando la obra completa, que en España publicó Norma Editorial en castellano y catalán.
Además de buenas críticas y un considerable éxito de ventas, Persépolis ha cosechado una buena lista de premios y nominaciones en los principales galardones del sector. Y no es de extrañar. Dibujado a dos colores, en blanco y negro, con una pregnancia efectiva, Marjane es capaz de transportarnos a su riquísimo mundo interior, irreverente, fresco y libre. Con unas viñetas audaces y creativas. Con una sinceridad envolvente. Tan rápido nos saca una sonrisa como nos sacude. Pero no teman, porque por encima de la crudeza resplandece la vitalidad.
Cómic, novela gráfica, tebeo, historieta…, llamémoslo como queramos, siempre y cuando no ignoremos que hay vida más allá del manga, de los enredos de los agentes de la TIA y la interminable lista de superhéroes de la Marvel. Existen tramas cotidianas, modestas, conmovedoras, generalmente vinculadas a la creación europea, que son un auténtico tesoro. Y como una de sus joyas más valiosas brilla Pérsépolis, una novela gráfica escrita y diseñada por Marjane Satrapi y publicada en Francia por la editorial independiente L'Association.
Esta fábula autobiográfica nos adentra en el mundo de una pequeña iraní que nace con un corazón rebelde, una inquietud intelectual poco usual, una fantasía desbordante y un sentimiento del deber y la justicia desmedidos. Pronto descubre que de mayor quiere ser profeta, sus conversaciones con Dios así se lo demuestran, aunque los tiempos convulsos en los que le toca vivir se empeñen en llevarle la contraria. Después de 2.500 años de tiranía y sumisión, un régimen fundamentalista islámico se establece para oprimir al pueblo de Irán en defensa de unas normas del decoro dementes.
Aún así, Marji no pierde la esperanza. En 1979, con apenas diez años, se interesa por la situación política y social de su país, reivindica las libertades de sus iguales, principalmente de las mujeres, y se mantiene fiel a las ideas de Marx. Lo hace hasta que la realidad, con su dramática fiereza, bombardea sus sueños de idealista, derrumba la poca fe que le queda en Dios y la empuja a convertirse en una adolescente solitaria, insolente, insatisfecha. Tendrá que huir, pero sobre todo, tendrá que aprender a vivir con su tradición cultural, con su aspecto físico, consigo misma.
El cómic consta de cuatro entregas, aparecidas en el país galo entre noviembre de 2000 y septiembre de 2003 como álbumes de 76, 88, 96 y 104 páginas respectivamente. Una vez finalizada, L'Association editó un volumen integral recopilando la obra completa, que en España publicó Norma Editorial en castellano y catalán.
Además de buenas críticas y un considerable éxito de ventas, Persépolis ha cosechado una buena lista de premios y nominaciones en los principales galardones del sector. Y no es de extrañar. Dibujado a dos colores, en blanco y negro, con una pregnancia efectiva, Marjane es capaz de transportarnos a su riquísimo mundo interior, irreverente, fresco y libre. Con unas viñetas audaces y creativas. Con una sinceridad envolvente. Tan rápido nos saca una sonrisa como nos sacude. Pero no teman, porque por encima de la crudeza resplandece la vitalidad.
“Hasta una cierta edad necesitamos a nuestros padres. Después son ellos los que nos necesitan.”
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